miércoles 18 de noviembre de 2009

#24

CARTA ABIERTA A ARENITA

Arenita:

Te amo. Mentira. Quiero decirte algunas cosas:

Eres menor que yo. No te conozco, sólo te he visto algunas veces en la tele. Últimamente tienes acaparadas las pantallas chilenas, junto a la turbia de Kenita Larraín, con tu "accidente".

Primero que todo: SI TE QUERI MATAR, NO LO LOGRARÁS DESDE UN TERCER PISO. GIL.

Segundo: Entiendo perfectamente lo que es querer dejar de vivir por una pena de amor. Suena horrible y chulo, pero es verdad. Yo tuve una pena asquerosa por un tipo con el que no alcancé ni a estar tres meses, pero el hecho de haber perdido el control sobre con quién podía yo estar me volvió totalmente loca. Sentí que era una estúpida y hasta llegué a atentar contra mi vida...ok, eso último es mentira, pero de que se me pasó por la cabeza, se me pasó.

Es un estado vulnerable que hay que aprender a asumir, porque somos pendejas acostumbradas a tener todo lo que queremos. Somos lo peor, manipuladoras de la peor calaña.

Tu fuiste criada por tus abuelos, osea que eras la regalona máxima. No te justifico: sólo te entiendo.

A lo que voy es que eres joven, no puedes ser tan pastel y creer que la vida se acaba porque un saco de weas no quiere estar contigo. Una tiene que aprender a quererse y conocerse, después podrás vivir una relación como corresponde. Antes no. Soluciona tus atados y de ahí conversamos, ¿ya?

Por último, devuélveme la chaqueta que te presté la otra noche, cuando teniai frío. Na ke'ver, eri súper güiña.

lunes 2 de noviembre de 2009

#23

Mi mamá no sabe usar la aspiradora ni la lavadora.
Mi mamá no cachaba para qué servía el Poet, lo compraba sólo porque aparecía en la lista del supermercado.
Mi mamá confunde Starbucks con Star Wars.
Mi mamá le dice "Coyoma" a los sushi tempura y "Los Calentitos" a las gyosas.
Mi mamá juega snake en su cel y saca copa.
Mi mamá estaba obsesionada con los dinosaurios de la ruta 68 y cuando finalmente los vio, dijo "¿PA ESTO WEVIÉ TANTO? ENTERO FLAYTE EL DINOSAURIO, HASTA YO PUEDO HACER UNO MEJOR CON CARTULINA"
Mi mamá esta loca. Es la cagá. Le amo.

jueves 29 de octubre de 2009

#22

Me considero una mujer normal, pero TOTALMENTE normal: Me paso rollos, sangro una vez al mes, me gustan los hombres, las ofertas, etc.
Sin embargo, algo me pasa con Lucila Vit y no temo decirlo públicamente: AI LOV JER.
Es de las pocas faranduleras que se hizo conocida por su belleza y no por escándalos tontos.
No tiene la perso flayte de las argentinas que normalmente llegan a Chile, ¡No señores! Ella se luce por su persona y su parecido a Britney (Hay que decirlo: La trasandina esta muuuucho más mejol).
Además, pone cara de caliente al máximo y a los cinco segundos esta súper seria o tierna animando un programa. ¡Si eso no es talento puro, no sé qué otra cosa puede serlo!
Es equilibrada en cuanto a culo y tetas, todo bien puesto. Nada de exageraciónes mutantes. Además, es de las pocas que se ve bien con pera de poto. Pucha que me dio pena cuando se fue de Yingo (Mentira, me da lo mismo).
A lo que voy es que es bella y punto. Me da lo mismo lo que piensa, me dan lo mismo sus sueños e ideales. Si tuviese que dar vuelta la tortilla, sería con Megan Fox y después con Lucila Vit, con nadie más. ¿Ok? Y para qué estamos con cosas, apuesto a que muchas piensan lo mismo y no lo dicen.

miércoles 14 de octubre de 2009

#21

Hace poco me contaron un cuento que me ha llegado demasiado. Espero que a ustedes nunca les quiten sus ZAPATOS ROJOS (y si se los quitan, mejor hacerse unos propios que encandilarse con los ajenos):

Había una vez una pobre huerfanita que no tenia zapatos. Pero siempre recogía los trapos viejos que encontraba y, con el tiempo, se cosió un par de zapatillas rojas. Aunque eran muy toscas, a ella le gustaban. La hacían sentir rica a pesar de que se pasaba los días recogiendo algo que comer en los bosques llenos de espinos hasta bien entrado el anochecer.
Pero un día, mientras bajaba por el camino con sus andrajos y sus zapatillas rojas, un carruaje dorado se detuvo a su lado. La anciana que viajaba en su interior le dijo que se la iba a llevar a su casa y la trataría como si fuese su hijita. Así pues, la niña se fue a la casa de la acaudalada anciana y allí le lavaron y peinaron el cabello. Le proporcionaron una ropa interior de purísimo color blanco, un precioso vestido de lana, unas medías blancas y unos relucientes zapatos negros. Cuando la niña preguntó por su ropa y , sobre todo por sus zapatillas rojas, la anciana le contestó que la ropa estaba tan sucia y los viejos zapatos eran tan ridículos que los habían arrojado al fuego donde ardieron hasta convertirse en ceniza.
La niña se puso muy triste , pues, a pesar de la inmensa riqueza que la rodeaba, las humildes zapatillas rojas cosidas con sus propias manos le habían hecho experimentar su mayor felicidad. Ahora se veía obligada a permanecer sentada todo el rato, a caminar sin patinar y a no hablar a menos que le dirigieran la palabra, pero un secreto fuego ardía en su corazón y ella seguía echando de menos sus viejas zapatillas rojas por encima de cualquier otra cosa.
Cuando la niña alcanzó la edad suficiente para recibir la confirmación el día de los Santos Inocentes, la anciana la llevó a un viejo zapatero cojo para que le hiciera unos zapatos especiales para la ocasión. En el escaparate del zapatero había unos zapatos rojos hechos con cuero del mejor; eran tan bonitos que casi resplandecían. Así pues, aunque los zapatos no fueran apropiados para ir a la iglesia, la niña, que solo elegía siguiendo los deseos de su hambriento corazón escogió los zapatos rojos. La anciana tenia tan mala vista que no vio de que color eran los zapatos y, por consiguiente, pagó el precio. El zapatero le guiñó el ojo a la niña y envolvió los zapatos.
Al día siguiente, los feligreses de la iglesia se quedaron asombrados al ver los pies de la niña. Los zapatos rojos brillaban como manzanas pulidas, como corazones, como ciruelas rojas. Todo el mundo los miraba; hasta los iconos de la pared, hasta las imágenes contemplaban los zapatos con expresión de reproche. Pero cuanto más los miraba la gente, tanto más le gustaban a la niña. Por consiguiente, cuando el sacerdote entonó los cánticos y cuando el coro lo acompañó y el órgano empezó a sonar, la niña pensó que no había nada más bonito que sus zapatos rojos. Para cuando terminó aquel día, alguien le había informado a la anciana acerca de los zapatos rojos de su protegida.
-!Jamás de los jamases vuelvas a ponerte esos zapatos rojos!- le dijo la anciana en tono amenazador. Pero al domingo siguiente la niña no pudo resistir la tentación de ponerse los zapatos rojos en lugar de los negros y se fue a la iglesia con la anciana como de costumbre.
A la entrada de la iglesia había un un soldado soldado con el brazo en cabestrillo. Llevaba una chaquetilla y tenia la barba pelirroja. Hizo una reverencia y pidió permiso para quitar el polvo de los zapatos de la niña. La niña alargó el pie y el soldado dio unos golpecitos a las suelas de sus zapatos mientras entonaba una alegre cancioncilla que le hizo cosquillas en las plantas de los pies.
-No olvides quedarte para el baile- le dijo el soldado, guiñándole el ojo con una sonrisa. Todo el mundo volvió a mirar de soslayo los zapatos rojos de la niña. Pero a ella le gustaban tanto aquellos zapatos tan brillantes como el carmesí, tan brillantes como las frambuesas y las granadas, que apenas podía pensar en otra cosa y casi no prestó atención a la ceremonia religiosa. Tan ocupada estaba moviendo los pies hacia aquí y hacia allá y admirando sus zapatos rojos que se olvidó de cantar.
Cuando abandonó la iglesia en compañía de la anciana, el soldado herido le gritó
"¡Qué bonitos zapatos de baile!"
Sus palabras hicieron que la niña empezara inmediatamente a dar vueltas. En cuanto sus pies empezaron a moverse ya no pudieron detenerse y la niña bailó entre los arriates de flores y dobló la esquina de la iglesia como si hubiera perdido por completo el control de sí misma. Danzó una gavota y después una czarda y, finalmente, se alejó bailando un vals a través de los campos del otro lado. El cochero de la anciana saltó del carruaje y echó a correr tras ella, le dio alcance y la llevó de nuevo al coche, pero los pies de la niña calzados con los zapatos rojos seguían bailando en el aire como si estuvieran todavía en el suelo. La anciana y el cochero tiraron y forcejearon, tratando de quitarle los los zapatos rojos a la niña. Menudo espectáculo, ellos con los sombreros torcidos y la niña agitando las piernas, pero, al final, los pies de la niña se calmaron.
De regreso a casa, la anciana dejó los zapatos rojos en un estante muy alto y le ordenó a la niña no tocarlos nunca más. Pero la niña no podía evitar contemplarlos con anhelo. Para ella seguían siendo lo más bonito de la tierra.
Poco después quiso el destino que la anciana tuviera que guardar cama y, en cuanto los médicos se fueron, la niña entró sigilosamente en la habitación donde se guardaban los zapatos rojos. Los contempló allá arriba en lo alto del estante. Su mirada se hizo penetrante y se convirtió en un ardiente deseo que la indujo a tomar los zapatos del estante y a ponérselos, pensando que no había nada de malo en ello. Sin embargo, en cuanto los zapatos tocaron sus talones y los dedos de sus pies, la niña se sintió invadida por el por el impulso de bailar.
Cruzó la puerta bailando y bajó los peldaños, bailando primero una gavota, después una czarda y, finalmente un vals de atrevidas vueltas en rápida sucesión. La niña estaba en la gloria y no comprendió en qué apurada situación se encontraba hasta que quiso bailar hacia la izquierda y los zapatos se empeñaron en bailar directamente hacia la derecha. Cuando quería dar vueltas, los zapatos se empeñaban en bailar hacia delante. Y, mientras los zapatos bailaban con la niña, en lugar de ser la niña quien bailara con los zapatos, los zapatos la llevaron calle abajo, cruzando los campos llenos de barro hasta llegar al al bosque oscuro y sombrío.
Allí, apoyado contra un árbol, se encontraba el viejo soldado de la barba pelirroja con su chaquetilla y su brazo en cabestrillo. - Vaya, qué bonitos zapatos de baile- exclamó.
Asustada, la niña intentó quitarse los zapatos, pero el pie que mantenía apoyado en el suelo seguía bailando con entusiasmo y el que ella sostenía en la mano también tomaba parte en el baile. Así pues, la niña bailó y bailó sin cesar. Danzando subió las colina más altas, cruzó loa valles bajo la lluvia, la nieva y el sol. Bailó en la noche oscura y al amanecer y aún seguía bailando cuando anocheció. Pero no era un baile bonito. Era un baile terrible, pues no había descanso para ella.
Llegó bailando a un cementerio y allí un espantoso espíritu no le permitió entrar. El espíritu pronunció las siguientes palabras: -bailarás con tus zapatos rojos hasta que te conviertas en una aparición, en un fantasma, hasta que la piel te cuelgue de los huesos y hasta que no quede nada de ti más que unas entrañas que bailan. Bailarás de puerta en puerta por las aldeas y golpearás cada puerta tres veces y, cuando la gente mire, te verá y temerá sufrir tu mismo destino. Bailad, bailad, hermosos zapatos rojos, seguid bailando.
La niña pidió compasión, pero, antes de que pudiera seguir implorando piedad, los zapatos rojos se la llevaron. Bailó sobre los brezales y los ríos, siguió bailando sobre los setos vivos y siguió bailando y bailando hasta llegar a su hogar y allí vio que había gente llorando. La anciana que la había acogido en su casa había muerto. Pero ella siguió bailando porque no tenia más remedio que hacerlo. Profundamente agotada y horrorizada, llegó bailando a un bosque en el que vivía el verdugo de la ciudad. El hacha que había en la pared empezó a estremecerse en cuanto percibió la cercanía de la niña.
-!Por favor!- le suplicó la niña al verdugo al pasar bailando por delante de su puerta-. Por favor, córteme los zapatos para librarme de este horrible destino.
El verdugo cortó las correas de los zapatos rojos con el hacha. Pero los zapatos seguían en los pies. Entonces la niña le dijo al verdugo que su vida no valía nada y que, por favor, le cortara los pies. Y el verdugo le cortó los pies. Y los zapatos rojos con los pies adentro siguieron bailando a través del bosque, subieron a la colina y se perdieron de vista.

domingo 11 de octubre de 2009

#20

No quiero creer que el sol no sale, sé que es un ciclo y siempre vuelve a salir.
Pero odio ese ciclo, lo bueno y lo malo que implica. Todo lo odio.
Odio despertar y sentir que lo que amaba de pronto no me produce nada.
Odio sentir que todo lo hago por alguien más, nada lo hago por mi. Nada. NADA.
Nada me produce felicidad. Todas mis sonrisas son falsas. Absolutamente todas.
Miento para no asustar a quienes creen que soy feliz, miento día y noche.
Sólo sería feliz viviendo en la inconsciencia, sin saber nada de lo que pasa dentro y fuera de mi.
Estar sedada, en coma, sin entender lo que hoy entiendo. Eso sería lo más cercano a la felicidad.
No es que quiera morir, para nada: Simplemente me gustaría no haber nacido.

miércoles 7 de octubre de 2009

#19

¿Se acuerdan de mi post de trastornos del peso? Ése con el cual asusté a mis viejos, porque ahora creen que soy bulímica. Pequeño detalle: no vomito. En fin, díganselo a ellos.

La cosa es que fui al doc y me dieron Fluoxetina, con lo cual tengo menos hambre que antes. Estoy a full con la elíptica y comiendo menos. ¡Ya he bajado tres kilos! Quién lo diría. A este paso, llegaré entera rica a diciembre y andaré maraqueando por las playas de Viña durante el verano. Mentira, soy una dama.

Sobre Lomofilia: Todavía no tengo la fecha del lanzamiento en Santiago, pero ya sé que las invitaciones podrán retirarlas gratis en la tienda de Lomo Chile, en Drugstore (Providencia).

La próxima fecha será en el parque Quinta Normal, el 31 de este mes. Se trata del FemFest, una muestra de bandas femeninas. Nosotros abrimos, al parecer, a las dos de la tarde de ese día. Están todos invitados, es totalmente gratis.

Y eso es todo por ahora, cuando tenga algo entretenido que contar...lo olvidaré. Y si no lo olvido, acá aparecerá. XoXo.

martes 6 de octubre de 2009

#18

Hoy quiero hablar de la coneja. No de la hembra del conejo, sino que de LA coneja: La de los realities, porque me preocupan caleta:

¿Las chiquillas de Pelotón se lavan la coneja? Siempre salen super sexy en bikini jabonandose sus presas ¿pero y la coneja? ¿acaso hay una cláusula en el contrato que prohibe exhibir la enjuagá de coneja? ¿o simplemente NO SE LA LAVAN? ¿y cómo lo hacen cuando están menstruando, habrán baños especiales?

Creo que con todas estas dudas, nunca me meteré a un reality. Sólo porque cuido a mi coneja, nada más.

domingo 4 de octubre de 2009

#17

Chiquillas viñamarinas, ¡¡¡les tengo los mansos datos para el cuidado capilar!!!

En Echevers (la calle de las ópticas), entre Viana y Av. Valparaíso, se encuentra una tienda llamada "LA CASA DEL ESTILISTA" (creo que también tienen una sucursal en la misma Av. Valparaíso).
Allí venden una tintura la zorra que ocupan en las peluquerias llamada COLOR PERFECT, de Wella, a sólo $3.490 (venden también el tonalizante, que no tiene amoniaco, a como 200 pesos más). Cabras, es la mansa diferencia con el resto de las tinturas ¡y no es más cara!
Yo tuve el pelo de mil colores y hoy en día lo tengo ultra sano gracias a eso, no escatimen en gastar un poco más cuando se trata de una.

Otro dato bueno que me dio mi amiga Koni es una silicona para el pelo llamada BioAroma que vale $3.500 app. Hay roja, verde y azul. Yo ocupo esta última, también se encuentra en la tienda que les dije. Tiene dos líquidos, así que hay que batirla bien, echarse un poco en las manos y frotarlas harto, para luego aplicarlo en el pelo húmedo. Queda bakan.

Y en cuanto a shampoo, el mejor equilibrio que he encontrado entre calidad y precio es la linea Elvive para pelo teñido. Pantene igual la lleva.

¡A cuidarse la cabeza, cabras! No sigan comprando cosas rancias, después van a quedarse peladas.

domingo 27 de septiembre de 2009

#16

Desde que escuché "The Fame", el disco debut de Lady Gaga, me enamoré de ella. Amé sus melodías y arreglos. Es cierto que hay un patrón común en su composición en cuanto a la forma (estrofa-coro-estrofa-coro-parte C hablada a lo fergie-coro) pero igual me encanta, es la mejor majamama que puede haber entre los 80, 90 y la música actual.

Sin embargo, cuando la vi sangrando en los VMA de este año me asusté. Me dio lata su vestuario también y sus comentarios sobre que tiene pene. Horrible que se destaque más por tonteras que por su talento, el cual tiene de sobra. Si no me creen, vean el siguiente video del año 2006, cuando estaba más rellenita, morena y tenía la mansa onda:



Sin embargo, hay que reconocer que uno como músico quiere que exista una buena razón para que la gente vaya a verte en vivo, no sólo ejecutar bien tu instrumento. De ser por eso, se pueden quedar en casa con el cd. Uno quiere hacer un espectáculo integral y divertido y Lady Gaga se caracteriza por ser eso: una show woman completa (no como la marlencita po, cabros).

Vi el video de la canción "Paparazzi", la cual es una de mis favoritas, y me encantó. Es prácticamente un corto, hermosa fotografía y perturbante historia.
La única critica en general que le hago a Lady Gaga son sus letras del orto que hablan de la fama, el dinero, los hombres y chao. Nada más. Pero supongo que de a poco tendrá más cosas que decir. Los dejo con el excelente video, que lo disfruten:

jueves 24 de septiembre de 2009

#15

Tengo un problema serio y no sé qué hacer:

El año pasado, producto del stress, sufrí una crisis de pánico que me mandó a la posta tres veces.
Los doctores me medicaron con Escitalopram de 10 mg y Clonazepam de 0,5 mg durante seis meses app y de ahí empecé a dejarlos. Actualmente, tomo medio Escitalopram tres veces por semana y muy pronto lo dejaré.

La cosa es que, desde que empecé a dejar los medicamentos, me he vuelto más ansiosa y buena para comer.
Mido 1.52 m y mi peso normal siempre ha sido entre 48 y 50 kilos, pero ahora estoy pesando 57 ¡Me fui al chancho!

Hubo un mes en el que veía dos películas al día y al mismo tiempo me comía como cinco Super8 XL. Así fue que de a poquito acumulé grasa en lugares donde antes no había.
Hoy en día, me siento una cerda. Trato de no comer tan compulsivamente, pero no puedo.

He intentado adoptar mentalidades enfermizas, pero ni la anorexia ni la bulimia me resultan: No tengo la capacidad de dejar de comer, y vomitar me parece asqueroso y una pérdida de dinero. Funa. (En todo caso, gente, no lo intenten tampoco. No sean tan aweonaos como yo.)

Actualmente hago 20 minutos de Elíptica al día, lo que no es mucho tampoco, y me compré esa leche Garden Light que reemplaza las comidas. Sé que no sirve de nada, pero es super rica. Además, mi vieja me compró unas pastillas naturales llamadas Benicia que se supone que reducen el hambre. Lo único útil que estoy haciendo es comprarme un Kino día por medio, a ver si me alcanza para la lipo. Já.

Pero en verdad ya no sé qué hacer. Supongo que es el efecto rebote de las pastillas. Lo único que sé es que me siento como las pelotas y no puedo parar de comer. Este verano tendré que volver al traje de baño entero. Cueck.